El jardín
Un sonido de murmullo y de risa estaba en todas direcciones mientras
caminaba silenciosa por la senda, el verde que lograba ver encandilaba mi
visión mientras los niños felices corrían y las madres sentadas sobre sábanas
se preocupaban por no verlos caer o tocar cualquier cosa que pudiese hacerles
daño.
Las mariposas rondaban el ambiente mientras algunos niños las perseguían
tratando de mirarlas, de detallarlas. Mientras continuaba caminando iguanas, trenes
y personas transitaban sin percatarse de mi presencia.
Un sol más potente se reflejaba en el lago que albergaba esas
maravillosas tortugas que no se inmutaban por ser sumamente observadas. Estaba
en la plataforma él… un él desconocido para todos quienes allí nos
encontrábamos, pero sin duda era música. A su lado muchos niños observados por
sus padres tocando distintos instrumentos, de aspecto viejo y desgastado mientras
él cantaba todo lo que veía y regalaba colombinas, así por la vida, con una
nariz de payaso.
La calidez, los niños, él, la vida y la naturaleza fluyendo desde todas
partes mientras esas miradas maternales se posaban sobre los pequeños músicos,
lo que era un cuadro pintoresco y hermoso.
De nuevo el andar de mis pies me llevó a otro lugar del mismo jardín,
donde jóvenes sentados en círculo hablaban sobre jugadas, tácticas, balones y
movimientos. Todos muy concentrados, por ello no notaron mi paso por allí.
Al salir, mucha gente nueva, que estaría observando, igual que yo todas
las maravillosas interacciones en este jardín.





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